ANDRÉS ORTIZ LEMOS

Es indiscutible el poco disimulo con el que Marx justificó al colonialismo como parte de un escaño necesario en la fantástica escalera que imaginó para explicar la historia. Para este autor, el proletariado industrial es el único sujeto histórico idóneo para generar los cambios revolucionarios que permitan arribar al puerto de la sociedad utópica del futuro. Por ello, debía universalizarse.

Pero para que esto ocurra, primero tendría que universalizarse la burguesía. Ineludiblemente, aquellas sociedades tradicionales –incluyendo los indígenas-, ajenas a la tradición industrial europea, deberían pasar, aunque sea a la fuerza, por los estadios previos que generen  las condiciones para la llegada de la ¨partera de la historia¨.

El colonialismo, la explotación y la exacerbación de élites burguesas, en las colonias, serían pues un requisito indispensable para que los sofisticados engranajes del materialismo dialéctico fluyan como un coqueto reloj suizo.  En efecto, Engels y Marx alababan con entusiasmo los procesos de ocupación de territorios por parte de Estados Unidos sobre México (y anhelaban su plena colonización), Marx justificaba el colonialismo europeo en lugares como China, India y Latinoamérica. La única crítica que se le puede conceder al colonialismo se refiere a la situación en la Irlanda de su tiempo, pero se explica al caso excepcional donde los colonizados eran blancos, insinuando, por lo menos, un sesgo racial en su sistema teórico.

El colonialismo, la explotación y la exacerbación de élites burguesas, en las colonias, serían pues un requisito indispensable para que los sofisticados engranajes del materialismo dialéctico fluyan como un coqueto reloj suizo.

Siempre bajo la sombra de su profeta, los teóricos latinoamericanos que profesan el marxismo han tratado de comprometer a los indígenas, de una u otra forma, en su ideal revolucionario y generalmente han visto en ellos un segmento, oprimido, que con algunas adaptaciones (unas más aparatosas que otras) bien podrían convertirse en aliados de los obreros en la consecución del horizonte de probabilidades detrás de la añorada revolución. Probablemente por haberse confrontado en algunas ocasiones con la figura de la hacienda, y por su escatología emancipatoria, la ideología marxista logró ganarse la simpatía de varias organizaciones indígenas, principalmente de países andinos.

En Bolivia, el movimiento Tupac Katari (con cuyos líderes he podido conversar algunas veces en investigaciones de campo en ese país) mantiene una influencia notable de la retórica socialista, aunque sus dirigentes dejan claro que esta doctrina, forjada en categorías europeas, no puede reemplazar el legado de rebeldía de las figuras nativas. En el mismo país, la asociación de mujeres Bartolina Sisa va más allá y reclama la necesaria gravitación ideológica desde categorías de pensamiento aimaras y quechuas. En ese país los indígenas han estado preparando las bases para disminuir gradualmente la dependencia ideológica de occidente, proponiendo nociones cada vez más enraizadas en su particular cosmología (hablo a nivel de algunas organizaciones).

Por otro lado, en  el caso peruano, el movimiento marxista-maoista Sendero Luminoso se encargó de imponer a fuerza de fuego, violencia y tortura, las enseñanzas de los sectores más radicales, violentos e intolerantes de la izquierda peruana, ganándose la desconfianza y el rechazo de varias comunidades, aunque manteniendo el respaldo discursivo en algunos dirigentes, generalmente privilegiados.

En lo que concierne al caso ecuatoriano, la memoria colectiva de las comunidades guarda con respeto el recuerdo de líderes históricos del movimiento, los cuales tuvieron relaciones declaradas con ideologías de izquierda, como es el caso de Tránsito Amaguaña. Pero al mismo tiempo fue notoria la poca flexibilidad de los movimientos sindicales obreros (hijos naturales de las ideologías derivadas del marxismo) y otras organizaciones a la hora de adaptar sus demandas a las realidades indígenas. Recuérdese por ejemplo la poca efectividad que el FUT tuvo en los ochentas para articular las demandas indígenas en sus propios proyectos. Es por eso que, a partir de la década de los noventas, cuando las organizaciones indígenas cobraron un papel mucho más influyente, se hicieron oír con propuestas que no tienen relación con los cánones dogmáticos de la izquierda tradicional. En efecto, la noción de plurinacionalidad simplemente no existe en la retórica del marxismo, y tampoco la posibilidad de convivencia con formas alternativas de relación con el trabajo más allá de las fórmulas prefabricadas y reducidas a la relación obrero-capitalista. Los indígenas fueron más allá. Crearon nuevos conceptos, y sentaron las bases para otras formas de emancipación.

Es verdad. Las grandes organizaciones indígenas todavía se consideran de izquierda, y sus dirigentes siguen sintiéndose identificados con esa retórica. Pero para ser prácticos, su relación no ha sido del todo provechosa.

Es verdad. Las grandes organizaciones indígenas todavía se consideran de izquierda, y sus dirigentes siguen sintiéndose identificados con esa retórica. Pero para ser prácticos, su relación no ha sido del todo provechosa. Lucio Gutiérrez se ganó el favor del movimiento indígena con su temprana retórica izquierdista (avalada incluso por el fundador del socialismo del siglo xxi, don Heinz Dieterich) logrando en varias ocasiones generar fracturas en las organizaciones, y lesionar al movimiento. Poco tiempo después, el correismo volvió a aprovecharse de un discurso socialista para ganarse el favor de los movimientos indígenas que al poco rato fueron desechados de la esfera de las decisiones políticas por demandar la ejecución de aquellas promesas con la que se les había convencido originalmente.

La tendencia no parece terminar. La Izquierda Democrática, partido que lidera una coalición de movimientos de izquierda, ha conseguido el apoyo del grueso de la dirigencia indígena, pero no ha posicionado de manera contundente a los dirigentes en su propuesta. La candidata a la vicepresidencia con Paco Moncayo, Monserratt Bustamante, tiene una trayectoria, y un prestigio político significativamente menor al de Lourdes Tibán, por lo que llama la atención la negativa de este partido político de haber optado por el binomio indígena. Me da la impresión que a la esfera política (de derecha o de izquierda) le sigue pareciendo natural excluir a los indígenas de las instancias importantes de decisión, aunque sus líderes hayan demostrado mayor experticia política y profesional de varios de los cuadros blanco mestizos.


Algunos sectores del indigenado se han reunido con representantes de la derecha, como Guillermo Lasso. 

En ese contexto cabe preguntarse si los nuevos dirigentes indígenas están obligados a mantener lealtad incondicional a las retóricas de los partidos de izquierda, o si pueden permitirse ser críticos sobre los dogmas ideológicos. Para entender esta problemática a profundidad convendría hablar con líderes que han recibido duros cuestionamientos de parte de otros dirigentes y especialmente desde intelectuales de izquierda por haber cuestionado los paradigmas dominantes. Me refiero a el ex alcalde de Cotacachi, Auki Tituaña y el actual prefecto de Zamora Chinchipe, Salvador Quishpe. Ambos reclamaron en su momento el derecho de los indígenas a cuestionar la imposición de ideologías, y la necesidad de generar diálogos con sistemas de pensamiento diversos. Esto ha despertado la incomodidad de buena parte de intelectuales mestizos de izquierda quienes reclaman de manera enérgica, el posicionamiento de los indígenas únicamente en los sofismas ideológicos aprobados por ellos.

El ex alcalde de Cotacachi, Auki Tituaña.

Auki Tituaña, fue alcalde de Cotacachi en tres períodos, desde 1996 hasta el 2008. Su administración fue reconocida internacionalmente, y el sistema de democracia participativa que fortaleció ha llamado la atención de varios especialistas. Tituaña fue uno de los fundadores de Pachakutik. La eficiencia de su administración municipal, el conocimiento a primera mano de la realidad de sus comunidades,  la aplicación de estrategias basadas en el diálogo, el sentido común y el pragmatismo le permitieron abrirse a la conversación con otros sistemas de pensamiento. Tituaña fue crítico a la forma en que el autodefinido proyecto socialista de la revolución ciudadana había dividido a las organizaciones indígenas.  Basado en la experiencia de conocer de primera mano un proyecto autoritario realizó diálogos con actores políticos afines al liberalismo político. En 2012 se le propuso ser binomio del candidato presidencial Guillermo Lasso, lo que le valió roces con  Pachakutik, y las feroces críticas de varios intelectuales quienes, haciendo alarde de espíritu neocolonial, demandaban que los indígenas debían militar únicamente en organizaciones de izquierda admitidas por ellos. Las fricciones y ataques personales que sufrió obstaculizaron continuar su candidatura.

El prefecto Salvador Quishpe.

Por su lado, Salvador Quishpe es el actual Prefecto de Zamora Chinchipe, y una figura de liderazgo incuestionable. Más de una vez ha causado polémica dentro del movimiento indígena y su rama política. Por ejemplo, durante las elecciones primarias para escoger un candidato presidencial en Pachakutik planteó que no se había contabilizado de manera adecuada a los miles de adherentes de su provincia y eso pudo haberle perjudicado en las elecciones. Posteriormente, una vez que se estableció la precandidatura presidencial de Lourdes Tibán, Quishpe buscó un acercamiento con un partido político con ideologías afines al liberalismo y propuso que Tibán pueda ser binomio de Guillermo Lasso, recibiendo el rechazo de buena parte de la intelectualidad afín a la izquierda. Posteriormente, al confirmarse la participación de Pachakutik en una coalición de partidos afines a ideas socialistas liderado por la Izquierda Democrática, Quishpe demandó que el respaldo de la organización indígena sea reconocido con el posicionamiento de Lourdes Tibán como candidata a vicepresidenta. Moncayo se negó. Entonces Quishpe solicitó que los candidatos indígenas encabecen las listas de asambleístas. Moncayo se negó de nuevo.

Quishpe y Tituaña, son transgresores, rebeldes, y heterodoxos. Quisiéramos saber cuál es su opinión sobre la idea dominante de que los indígenas deben militar necesariamente en movimientos de izquierda.

Quishpe y Tituaña, son transgresores, rebeldes, y heterodoxos. Quisiéramos saber cuál es su opinión sobre la idea dominante de que los indígenas deben militar necesariamente en movimientos de izquierda. Hablamos con ellos en dos momentos diferentes, pero les planteamos las mismas preguntas. La primera buscó saber si consideran que los indígenas deberían necesariamente militar en determinada ideología. Salvador Quishpe responde: ¨ Si nos remitimos a las teorías políticas occidentales seríamos sectores de izquierda. Sin embargo, hemos planeado construir una sociedad intercultural y plurinacional. Lo que significa romper el círculo social y político de la izquierda tradicional y abrirnos a conversar con los diferentes actores, aún si estos son de sectores antagónicos como los defensores del capitalismo o de la clase política de la derecha. Conversar no para entregarnos, sino para llegar a entendimientos”.

Ante la misma pregunta Auki Tituaña responde:  “los indígenas tenemos varias nacionalidades, varios pueblos, también tenemos una dinámica de participación con identificaciones ideológicas distintas, y con propuestas alternativas, entonces los indígenas, a Dios gracias, no han sido tan homogéneos. Si bien la CONAIE pudo haber captado la participación de la mayoría, más o menos un 70%, el resto el 30%, estaría disperso en otros partidos políticos, de izquierda, y también en partidos de derecha (incluso otros con la línea evangélica, un tema combinando de religión con la actividad política). Entonces, sí hay diversidad.  En Imbabura, por ejemplo, los artesanos, y comerciantes de Otavalo, y en general de la provincia, si bien simpatizaban con Pachakutik, exigían incluir propuestas relacionadas con temas comerciales, de acceso a líneas de crédito favorables a tecnología, capacitación, ruedas de negocios, algo que el movimiento indígena tradicional no plantea. Simplemente no lo propone, y se limita a la reivindicación de acceso a la tierra, acceso a la educación, a la salud, y estos sectores han venido apoyando a varios candidatos. De tal manera, que no han sido necesariamente consecuentes con un candidato indígena, porque no necesariamente estos representaban sus   aspiraciones como grupo social, y grupo económico”.

Se planteó una segunda pregunta. ¿Por qué cuando un dirigente indígena se adhiere a un discurso que no es de izquierda, recibe críticas voraces de los intelectuales blanco mestizos? Salvador Quishpe responde:  “Los intelectuales muchas veces se olvidan de la vida real del día a día y quieren vernos en función de sus criterios y de las teorías de las ciencias sociales y políticas. Muchas veces confunden las prácticas culturales con folklorismo, y si no nos enmarcamos en ese contexto, nos dicen que estamos equivocados. La vida no es así, creo que los intelectuales debemos entender la vida de las sociedades y particularmente de los indígenas en el contexto de la vida local y mundial actual. Para algunos intelectuales, incluso para algunos dirigentes indígenas, si nos ven conversando con un representante de la derecha es un verdadero pecado, pero no hacen mayor cosa.  Cuando necesito de estos artefactos o de un crédito ¿a quién debo acudir?. Obvio, debo acudir a un empresario importador, comerciante o a un financista; y allí encuentro la gran brecha social y económica. Lamentablemente ni la clase política, ni la clase intelectual han logrado dar respuestas a estos temas socioeconómicos. Por lo tanto, nos toca a nosotros mismos hacer una especie de negociación, de llegar acuerdos en esos temas. Esto va mucho más allá de un simple proceso electoral. Me parece que eso es lo que falta por entender a los intelectuales y a la sociedad en general. La misma lucha de la CONAIE de las décadas anteriores permitió que los jóvenes hayamos logrado ser profesionales y esto ha dado como consecuencia el encuentro de otras formas de vida como el comercio, el cooperativismo para ofrecer servicios financieros, turismo, servicios tecnológicos y tantos otros, lo que nos lleva a tener una mayor interacción con los demás actores de la vida económica, social, productiva, ambiental y obviamente política de la nación. Me  alegra ver a los jóvenes indígenas que paralelamente a su nuevo reto profesional, cada vez se fortalecen en su identidad cultural y está allí el mayor desafío para nosotros”.

Ante el mismo interrogante Auki Tituaña, plantea: “Lamentablemente hasta la década de los 80 vivíamos bajo la tutela de sindicalistas, de partidos políticos de izquierda, de derecha, y también de la iglesia y no se diga del Estado. El Estado que velaba supuestamente por nosotros con algunos programas asistencialistas sin que eso signifique el cumplimiento de los derechos universales. Los intelectuales, los capos de estos sectores que les digo, los sindicalistas, los partidos políticos, y la iglesia han hablado a nombre de los pueblos indígenas. Entonces estos sectores han estado lucrando, viviendo y beneficiándose a nombre de la pobreza, y la exclusión. Pero este tutelaje no dio resultados, porque no nos permitían a nosotros mismo desarrollarnos y ser los propios interlocutores de estos planteamientos, de estas luchas, de estas demandas. Por eso hay que evitar que ese tutelaje que antes era en todo, quiera mantenerse en la clasificación de que si somos de izquierda o de derecha, eso es un cuento, la justicia no es un patrimonio   de la izquierda, de la derecha.”

En tercer lugar, se les preguntó acerca del imaginario persistente según el cual los indígenas serían necesariamente una sociedad ¨colectivista¨, mientras los occidentales son “individualistas” ¿está prohibido para los indígenas ser individuos? Salvador Quishpe responde: “Creo que esa es una de las virtudes que tenemos los pueblos indígenas, en cualquier parte del mundo. Somos individuos, pero al mismo tiempo somos comunitarios. Veo a mis hermanos que tuvieron que forzosamente migrar solos a los Estados Unidos o España. Pero allá se han reunido y si bien cada quien trabaja por su lado, simultáneamente van formando una especie de comunidad y festejan sus raymis o fiestas ancestrales y se ayudan mutuamente para seguir adelante. Por lo tanto el hecho de que somos por naturaleza sociedades colectivas, no quita la posibilidad de ser individuos, de ninguna manera.

Ante la misma pregunta Auqui Tituaña responde:  “Ese es un error de la academia y de los intelectuales, de la clase política, de los grupos económicos, pretender que nosotros como pueblos indígenas somos todos cortados por la misma tijera. Hay que reconocer esa gran diversidad, que existe entre nosotros, por ejemplo el caso de los kichwas mismo, un occidental digamos, un descendiente occidental un mestizo piensa que el compañero Saraguro, hace, piensa, y practica lo mismo que los Otavalos o nosotros los Cotacachi, entonces es un tipo de ignorancia que se ve con mucha pena. Nosotros tenemos muchos elementos de trabajo, de manera colectiva, pero no todo es comunitario ni colectivo.  Muchos hemos  salido adelante con estudios con becas en el país, con becas fuera del país, no somos solamente agricultores,  no somos solo artesanos, estamos participando en el tema inmobiliario, en el tema turístico, en el tema de la academia, en el tema de los servicios jurídicos, servicios médicos, estamos exportando, estamos importando, estamos en el sector de transporte, en las telecomunicaciones, en fin hay una diversidad de actividades en las que nosotros como pueblos indígenas hemos desarrollado como individuos”.

En cuarto lugar, se les preguntó ¿Cómo se ha procesado la democratización, la participación y los derechos desde este autodefinido gobierno de izquierda?  Auki Tituaña responde: “Considero que el régimen actual ha malentendido todos estos conceptos. En cuanto a derechos se han dado  retrocesos, se ha dado criminalización de la protesta social, persecución de las organizaciones entre ellas las indígenas eso es una clara involución. En cuanto a democracia directa verdadera participativa hay una deuda grandísima, porque una sabatina como todos sabemos no es una participación ciudadana, son shows mediáticos. Nosotros pudimos demostrar con cifras que la democracia representativa es excluyente, es anti técnico es demagógico y es corrupto, mientras que en el modelo de democracia participativa se aplican principios de inclusión, de rendición de cuentas. Cuando fui alcalde de Cotacachi nuestro trabajo fue  muy reconocida haber  logrado en un  año y medio declararla  territorio libre de analfabetismo y haber bajado del 23% al 2,5% de analfabetismo, y también haber logrado casi tres años consecutivos, cero mortalidad materna e infantil a través del modelo de descentralización de la salud, demostrando que el estado centralista no es capaz de resolver los problemas, y que si le compartimos y le delegamos esa tarea de forma  descentralizada con un gobierno local, con organización, como han demostrado los indígenas, se puede llegar adelante a esas metas tan importantes”.

Auki Tituaña finaliza: “Podemos decir que este gobierno ha fragmentado las organizaciones utilizando estrategias que han dividido al movimiento indígena. Todos los gobiernos han intentado comprar líderes, dividir organizaciones, pero este lo supo hacer de mejor manera, por la disponibilidad de recursos seguramente, y también por la participación estrecha de ciertos intelectuales que estuvieron en nuestras filas y luego corrieron a un régimen por comodidad por facilismo, por oportunismo, y aprovecharon ese conocimiento de nuestros pueblos indígenas”.

Nadie pretende decirles a los blancos o mestizos que ideología política deben abrazar. Sin embargo, se ha hecho muy frecuente, especialmente durante la última década, juzgar y cuestionar a los líderes indígenas que se han negado a repetir acríticamente las consignas dogmáticas de ciertos sectores de la izquierda. Tal vez por nuestra herencia colonial, nos incomoda su autonomía, su negativa a dejarse encasillar. Tal vez tenemos miedo de encontrarnos con dirigencias indígenas que no podamos mantener controladas, y a las que no podemos manipular con la camisa de fuerza de las ideologías. Tal vez, nos sentimos inseguros de la efectividad de nuestros propios dogmas, y tememos repensar su efectividad. Tituaña, Quishpe y varios líderes de las nuevas generaciones tienen muchas cosas que enseñarnos. Ellos pueden ser críticos aún sobre las doctrinas críticas. ¿Qué está esperando el mundo mestizo para hacer los mismo?

Tomado de PLAN V