ANDRÉS ORTIZ LEMOS
En su última etapa, Ludwig Wittgenstein propuso que las palabras únicamente tienen sentido dentro de las reglas específicas del determinado juego de lenguaje, y así como yo no podría ganar un juego de ajedrez lanzándole a mi contrincante una pelota de ecuavolley, nadie entiende realmente lo que otro trata de decir si no forma parte de sus particularidades enunciativas.

Los juegos de lenguaje, determinan, en efecto, “formas de vida” cuya naturaleza lógica varía exponencialmente de acuerdo a las incontables variables que determinan los contextos, culturales, históricos, situacionales, y míticos de aquellos con los que tratamos de comunicarnos. Usted, estimado lector, y yo, desde luego, formamos parte de un sistema de cosas, y de un juego de lenguaje particular que hace que nos sintamos alegres cuando el tanque de gasolina de nuestros autos está lleno, cuando la congestión vehicular nos deja movernos, o cuando alguien nos entrega un cheque como pago por nuestro despreocupado trabajo. Ese es nuestro universo lingüístico, y nuestras palabras tienen sentido únicamente dentro de las reglas de ese juego.

Cuando oímos sobre el shuar en las noticias, y escuchamos sus demandas sentimos una vana indignación que nos durará hasta que el tema deje de ser tendencia en Twitter, pero ninguno de nosotros estará dispuesto a dejar la alegre red de competencias y privilegios que conforma nuestro mundo.
Cuando oímos sobre el shuar en las noticias, y escuchamos sus demandas sentimos una vana indignación que nos durará hasta que el tema deje de ser tendencia en Twitter, pero ninguno de nosotros estará dispuesto a dejar la alegre red de competencias y privilegios que conforma nuestro mundo. En realidad, nos gusta la eficiencia de la tecnología, la masturbación del consumo vano, y nos sentimos reconfortados cuando le damos like, en redes sociales, a alguna noticia que nos conmueve. Esos son los límites de nuestro universo. Pero el universo del shuar tiene características distintas. Su lucha frente a los grandes proyectos mineros no gira en torno a un problema ideológico, o político. No se trata de sujetos a los que se busca desplazar, para cavar un agujero en la tierra del que se sacarán minerales. Se trata de todo un sistema de pensamiento autónomo y una forma de vida a la que se pretende exterminar.

Varios, y bien informados expertos han hablado de las estrategias gubernamentales con respecto a los proyectos mineros en territorio indígena, su relación con intereses transnacionales chinos, y los errores cometidos. Si es de su interés profundizar esta temática sugiero revisar el trabajo de Paúl Cisneros y especialistas afines. Sin embargo, las percepciones y enunciados de los moradores shuar con respecto a los proyectos de dimensiones invasivas giran en torno a otras categorías, como la supervivencia o la extinción de su entendimiento de lo real, y por lo tanto, la muerte de su propia estructura lógica. El equivalente judeo cristiano para una circunstancia como esa sería sencillamente “el fin del mundo”.

Hablando con los shuar

La primera cuestión que salta en los diálogos es ¿cómo era la vida de los shuar antes de la llegada de los intereses mineros en la zona? Los interlocutores responden: “Cuando no hubo la empresa china, aquí hubo buena relación con los hermanos mestizos, no miento, y si es posible pueden entrevistar a ellos. Hubo mejor relación con mestizos, hubo mejor armonía, los domingos compartíamos, jugábamos, así”. Los shuar de Nankints han mantenido contacto con los colonos mestizos durante muchos años, son una sociedad que ha logrado conservar el grueso de sus tradiciones, y su relación con el entorno natural, y a la vez aprovechar algunas ventajas de la interacción con sujetos de la cultura occidental de manera pacífica. Todos concuerdan en haber habitado en armonía con sus vecinos, y lejos de mayores conflictos.

En este contexto, la irrupción de campamentos mineros, y peor aún, los planes de creación de proyectos masivos, han sido percibidos como una traición por parte de los líderes comunitarios. Especialmente por la expectativa que despertó en sus dirigentes la norma de la Constitución 2008 sobre la necesidad de una consulta previa a los moradores de territorios ancestrales sobre la pertinencia de proyectos extractivos.

Cuando se preguntó a varios líderes shuar acerca la obligación del gobierno de realizar una consulta antes de conceder territorios a la empresa minera, su respuesta fue muy concreta: “consulta aquí jamás se ha hecho, por eso es que nosotros resistimos porque no hay consulta, si hubiese sido consulta previa sería lógico, sería un proceso viable, pero por eso mismo nosotros resistimos defendiendo nuestro territorio”. En efecto, al no haberse respetado el principio constitucional de una consulta se ha puesto en tela de juicio el valor mismo de la Constitución del 2008. Este accionar debería generar un serio debate sobre la legalidad de la participación de intereses transnacionales en la zona, más aún cuando estos son celosamente protegidos por la fuerza pública.

Todos los dirigentes y líderes con los que se habló están conscientes de los diversos efectos que un proyecto de la escala buscada por la compañía minera podría generar. Por ejemplo, una deforestación agresiva, afectación de fauna local, contaminación de aguas, y conflictos sociales impredecibles con las masas de obreros. Eso sin contar con las más de treinta y dos personas shuar, que ya fueron arrancadas de sus casas atosigadas por la Policía, el 11 de agosto, (quedando desamparados, a pesar de tener bajo su cuidado niños pequeños). Por supuesto, los líderes shuar se sintieron traicionados, especialmente porque parte de las estrategias usadas por el gobierno y la compañía Ecsa Ecuacorriente, fue tratar de dividir a la comunidad, beneficiando económicamente a algunos individuos aislados para dar la impresión que se había realizado una suerte de consenso general. Los dirigentes plantean: “nunca fuimos consultados, sino que más bien cogieron a personas interesadas de dinero, pero eso nosotros no aceptamos”. Otro de los líderes añade: “algunos mestizos, también shuar se han ido a las ciudades, y desde ahí hablan mal de nosotros, hemos dicho que la conciencia de ellos ha hecho que se retiren voluntariamente, creo que no volverán”.

Los líderes shuar se sintieron traicionados, especialmente porque parte de las estrategias usadas por el gobierno y la compañía Ecsa Ecuacorriente, fue tratar de dividir a la comunidad, beneficiando económicamente a algunos individuos aislados para dar la impresión que se había realizado una suerte de consenso general.
Otro dirigente toma la palabra y explica que este modo de opera —a nivel de proyectos extractivos— es común a la revolución ciudadana y efectos parecidos se han dado en otros lugares: “yo he participado en muchos eventos en diferentes lugares del país, en los cuales el actual gobierno nunca ha hecho la consulta previa, nunca han socializado sobre el impacto que van a causar los proyectos mineros, en ninguna parte. Por ejemplo, el proyecto minero Panantza San Carlos, yo incluso he llamado al señor Gobernador para que nos socialicen, pero nunca se asomaron acá. Donde vivimos nosotros, desgraciadamente como no tenemos gente, ni los políticos, ni las autoridades, nadie saca la cara por nosotros, menos el actual gobierno, con las concesiones y títulos mineros que tiene la empresa. Yo tengo el temor que las Fuerzas Armadas, y la empresa minera, hagan lo que hicieron a la hermana provincia de Zamora Chinchipe, el desalojo en Tundayme. San Carlos está en la lista, porque está cerca al Tambo abierto y yo tengo conocimiento sobre eso”.

En este contexto, los líderes y dirigentes shuar de Nankints piden que se abran verdaderos canales de diálogo y se respete la Constitución: “el gobierno tiene que rectificar sus acciones, plenamente, respetar el derecho colectivo que está en la Constitución de la República y a nivel internacional sobre los derechos, pactos y convenios internacionales. Eso es lo que han vulnerado y no hacen caso de nada y están imponiendo estos proyectos”.

Otro dirigente continúa: “ellos no han entendido lo que nosotros hemos propuesto: que en los territorios indígenas, sobre todo del shuar, no se puede desarrollar estas operaciones extractivas, sin embargo, el gobierno sin tomar en cuenta esos derechos, ha tratado de violentar y hacer su proyecto minero, en nuestro territorio. En cuanto a la minera china, ellos venían hablando de un supuesto impacto social positivo que, pero este es el verdadero impacto social que estamos viviendo tanto los nativos (se refiere a la violencia policial)”. Otro dirigente añade : “estamos queriendo que se retiren los militares, no queremos actividades mineras, por tanto el enfrentamiento con el Ejército ya no queremos más, ¿porque Rafael Correa no viene a pelear aquí? Si es así, que venga Rafal Correa armado y que enfrente él, pobre de los militares. Entre nosotros hermanos, entre shuar nos hacen pelear, y eso nosotros no permitimos que suceda aquí, por lo tanto, si es un país democrático él tiene que velar por todo lo que dice la Constitución, y él se cree Presidente Constitucional”.
El campamento de San Carlos, desde donde se proyecta iniciar la explotación de una gran mina de cobre.

En el mismo contexto otro de los dirigentes toma la palabra: “aquí estamos en pie de lucha por el incumplimiento de las normas internacionales, por parte del gobierno nacional. Hemos buscado el diálogo pero lo han cerrado todo; por tanto, hemos decidido nosotros ser los defensores de los territorios ancestrales, nosotros queremos que nos dejen libres, ya no queremos depender del Estado ecuatoriano. ¿Quiénes mandaron a matar a nuestros hermanos shuar, Freddy Taish, y el compañero Tendentza? Nosotros hemos cansado, nosotros estamos aquí en pie de lucha, con lanza con piedra, así nos defendemos, necesitamos las ayudas internacionales, que intervengan, para que nosotros podamos tener una libertad total, sin imposición ni violencia”.

El 21 de noviembre del 2016 varios comuneros shuar se tomaron las instalaciones de la empresa minera. Lo hicieron como un ejercicio de resistencia ante lo que percibieron como la presencia ilegal de un campamento extractivo en territorios ancestrales, sin haber realizado la consulta previa, y en respuesta al desplazamiento forzado de muchas familias. No fue un acto violento si no una toma pacífica amparada en lo que la Constitución, en el art 98, plantea como derecho a la resistencia. La respuesta del Gobierno fue, sin embargo, desproporcionada y brutal.

Los dirigentes plantean: “se está agrediendo a los niños, adolescentes, mujeres, pero mientras Rafael Correa no disponga retirar a los chinos, nosotros jamás rendiremos, vamos a estar al pie de lucha y el triunfo será nuestro”. Otro dirigente añade: “muchos del Ejército y Policía son nuestra gente, nos agreden echando tiros, gases, y está suspendido la educación en la parroquia. Todo eso está causando problemas aquí dentro de la sociedad, por medio de eso, la más dificultad que se ve ellos usan el carro brindado, ellos nos provocan, buscan provocarnos entonces nosotros tenemos derecho a defender nuestro propio territorio Nankints”.

Otro de los interlocutores prosigue: “nosotros vamos a luchar hasta el último, no vamos a dejar ni un paso atrás, nosotros no vamos a ceder, por más que sea como ellos traten, si es de enfrentar vamos al enfrentamiento, yo sí pido de favor que si quiere enfrentar con el ciudadano, con los civiles mejor que se decrete la guerra”.

El excesivo uso de la fuerza y la militarización pretende estrangularlos como comunidad. Uno de los dirigentes toma la palabra: “bueno lo que puedo confirmar, es que el gobierno está utilizando la fuerza pública, la policía nacional, militares, comandos guías, todos bien equipados, últimamente se ha visto que ellos utilizan, bombas lacrimógenas, bombas incendiarias. Definitivamente, para mí que ellos tienen la orden de atacar a todos quienes están resistiendo reclamando sus derechos. Esta semana, nuestras bases, nuestras organizaciones se han organizado para desalojar pedirles que se retiren. Ayer nomás se hizo una caminata, pacífica, para exigirles que se retiren: Lo único que hicieron es lanzarnos armas de fuego, y ahí cayeron gravemente heridos dos compañeros nuestros, y aquí como no tenemos médico, no tenemos centro de salud, los familiares nosotros estamos haciendo un tratamiento casero, para que puedan recuperarse. Debo decir con toda verdad, que el gobierno lo que está haciendo es utilizando la fuerza pública, los militares, para reprimir a su pueblo”.
Uno de los heridos en los choques entre las Fuerzas Armadas y los indígenas shuar que no habrían sido atendidos oportunamente.

Un dirigente señala cómo la vida de las comunidades ha sido claramente afectada: “si hay temores, no tenemos paso, nosotros necesitamos salir, necesitamos ir, por ejemplo, yo necesito ir a ver a mis hijos que están estudiando en San Juan Bosco, no puedo ni salir a ver, ni visitar a ellos, porque los policías no nos dejan pasar, nos cierran la vía”.

“Si hay temores, no tenemos paso, nosotros necesitamos salir, necesitamos ir, por ejemplo, yo necesito ir a ver a mis hijos que están estudiando en San Juan Bosco, no puedo ni salir a ver, ni visitar a ellos, porque los policías no nos dejan pasar, nos cierran la vía”.
Otro de los líderes comunitarios relata la situación de terror que están viviendo mujeres y niños en las comunidades: “en esta zona realmente hay total desorden, los niños asustados, las mujeres embarazadas asustadas, y eso es lo que no se puede permitir, los derechos humanos no permiten eso”. Los comuneros confirman la presencia de heridos de gravedad: “tenemos tres compañeros heridos. Sin embargo hay una acusación del gobierno que nos van amedrentar y nos van a coger a todos los responsables, supuestamente a quienes dirigimos esto, pero creo que el gobierno está equivocado, eso no se puede hacer en un país democrático, nosotros respetamos a las Fuerzas Armadas, pero no hace falta que ellos vengan para acá, porque los líderes comunitarios han sacado como conclusión que se está utilizando a la fuerza pública como una suerte de guardianía privada de la empresa minera, la cual actúa con plena violencia para defender intereses transnacionales.

Nosotros somos campesinos, somos gente sencilla. Yo vivo aquí 45 años, el gobierno lo que está preocupado es por dar garantías a la empresa minera y por nosotros hasta ahora, durante el tiempo que ha estado el gobierno no ha hecho nada, absolutamente nada”.

La brutalidad con la que actuó la fuerza pública se refleja en las denuncias de haber llegado incluso a incendiar casas, como si se tratara de una verdadera guerra contra la población civil: “quemaron una casa entre 5 y 6 de la tarde y botaron bombas lacrimógenas, la cosa es que incendiaron esa casa, no sé nada del campamento más acá”. Los indígenas tienen claras sus demandas: “estamos queriendo que se retire los militares, no queremos actividades mineras, por tanto el enfrentamiento con el ejército ya no queremos, pero ellos utilizaron normalmente fusiles, policías arma de fuego de alto calibre, tenemos compañeros heridos de suma gravedad, esto ya no nos gusta”.

Desde luego, el gobierno ha querido hacer aparecer a los dirigentes shuar como los instigadores de las situaciones de violencia, que ellos señalan, han sido provocadas por la Policía y el Ejército. Así pues, uno de ellos plantea: “él nos acusa como terroristas a nosotros, nosotros no somos terroristas, ellos nos vienen a hacer ese juego a nosotros, y nosotros simplemente nos defendemos como shuar, nosotros sí somos un pueblo ancestral y no somos terroristas, yo quisiera que entienda la realidad de lo que está pasando…hay muchos derechos que se están violentando, nosotros sí quisiéramos que otras instituciones nos apoyen en defensa de nuestro derecho”.

Los líderes y dirigentes shuar tienen una demanda muy clara: “la demanda única, el pedido único que hace la comunidad shuar, los hermanos shuar, los hermanos campesinos, las comunidades es que la empresa china se retire del territorio. Queremos que las autoridades vengan y verifiquen si tenemos la razón o no, que se verifique si los derechos de nosotros esta amparados o no están amparados en la Constitución. Vamos a continuar la lucha porque nos vienen a saquear y destruir la naturaleza, e incluso el pacto social en el que hemos estado viviendo se destruye”. Alguien más prosigue: “la Constitución, la Ley de Minería, el mandato minero, solo funciona para los de arriba”. Otras voces continúan: “para nosotros sería mejor que la empresa china se retire, nos deje seguir viviendo en paz, ahora con el toque de queda, no nos podemos movilizar a ninguna parte, ni salir a vender ni comprar al mercado, el gobierno no pone el ojo en los campesinos. Por eso yo le dije al señor gobernador, el mentiroso más grande número de nuestro país, es Rafael Correa Delgado, porque él dijo que se iba a consultar en esto de la minería… a los 70 años, estos me van a mandar sacando sin compasión”.

Para el shuar de Nankints el tema minero representa literalmente el fin de su mundo. Pero el hambre bulímica de las transnacionales chinas y la complicidad mezquina del gobierno no son más que la cara visible del holocausto que se avecina.

El modo de entender el universo shuar, sus juegos de lenguaje, (aquello que Wittgenstein definía como “forma de vida”), está a punto de ser devastado y reemplazado por otro juego de lenguaje, uno cosificado y manipulado por la monstruosa maquinaria de consumo que satura nuestro horizonte, y de la que usted y yo ya somos parte. Nosotros hemos ligado nuestro propio bienestar y nuestros conceptos de felicidad a la lógica de competencia, y comodidad que ha condicionado todos los sentidos de nuestra vida. Somos responsables.

El equivalente al logos en el mundo shuar es el “Arutam”. Esta entidad representa la fuerza espiritual que da sentido a las cosas. En su lenguaje, las palabras solo adquieren sentido donde la naturaleza subsiste en equilibrio armónico con el hombre. La depredación minera, por lo tanto, se levanta como una bestia escatológica que busca no solo devastar su realidad, sino aniquilar el sentido y el significado de su universo lógico. Se trataría de un horror sin nombre, la imposición de las pesadillas del mundo occidental. Aquellas que, como usted sabe, ni nosotros hemos sido capaces de definir.