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Por Andrés Ortiz Lemos y Sofía Fuentes

Se supone que el Ecuador es, desde 1830, una República, pero esta referencia, más anecdótica que política, no parece haber tomado en cuenta a los indígenas.

Amplios sectores de nuestra sociedad aún manejan lógicas feudales, tanto desde la esfera privada como desde la pública. Por eso, a casi nadie le sorprende la desmedida violencia con la que ahora mismo varios miembros de la comunidad shuar son reprimidos por los aparatos disciplinarios del

Estado. Tampoco es una casualidad que la mayoría de presos por razones políticas en este país sean indígenas. Estos fenómenos de focalización de la violencia siguen un proceso inercial, más o menos ininterrumpido, desde la colonia, y han continuado con algún disimulo, en la ficción de estado moderno que todos compartimos. En efecto, las lógicas estructurales, y los sistemas de administración pública que ejercen hegemonía en nuestro subsistema político son occidentales, racistas, y han sido diseñados para perpetuar con pocas variantes los bien conocidos procesos excluyentes que dieron forma a nuestra sociedad.

Las lógicas estructurales, y los sistemas de administración pública que ejercen hegemonía en nuestro subsistema político son occidentales, racistas, y han sido diseñados para perpetuar con pocas variantes los bien conocidos procesos excluyentes que dieron forma a nuestra sociedad.

Los indígenas han resistido. Por supuesto ha sido un proceso arduo y complejo. Tuvieron que reencontrarse unos a otros, restaurar sus modelos organizativos, desligar meticulosamente los nudos del sometimiento, y buscar en el Ayllu una propuesta filosófica que pueda influenciar paulatinamente la política, que siempre había procurado mantenerlos fuera.

El ayllu, el modelo nuclear comunitario ancestral, busca potenciar la noción de una familia extendida, generando de manera auténtica aquella máxima de que lo privado debe ser político. Tal vez por eso el liderazgo de las mujeres indígenas siempre ha sido un pilar fundamental en la historia del movimiento indígena. Las líderes más representativas en la memoria colectiva de las comunidades indígenas, y las figuras que lideraron movilizaciones antes del aparecimiento de las organizaciones que hoy conocemos fueron, en efecto, mujeres como Dolores Cacuango y Tránsito Amaguaña.

Cacuango se dio cuenta que la lucha y la resistencia frente a la prepotencia del poder sería insuficiente si se basaba únicamente en los desbordes y las demostraciones fuerza colectiva. La educación, impartida dentro de los códigos de las lenguas nativas en combinación con el estudio del lenguaje castellano debía convertirse en el arma más efectiva para erosionar el colonialismo. La educación bilingüe nació en base a esta lucha y a partir de entonces tuvo que librar una larga batalla contra el racismo y el sexismo que aún hoy pretende hacerla de menos.

Por su parte, Tránsito Amaguaña, inculcó la necesidad de priorizar la unidad, la lucha conjunta, y la suma de voluntades hacia defensa de la tierra. Las reformas agrarias concedidas por el Estado ecuatoriano y el reconocimiento de territorios en la región amazónica fueron consecuencia directa de estas luchas, y si bien los gobiernos siempre se las arreglaron para incumplir sus acuerdos, el precedente de los efectos de las movilizaciones había quedado establecido.

Ambas mujeres hilaron de manera meticulosa buena parte de las estructuras organizativas y la conciencia colectiva que permitió reformar leyes, adecuar normas, comprometer políticas, y varios de sus fundamentos inspiraron de manera definitiva las organizaciones, y los repertorios de acción que conocemos ahora. No hay dudas en la memoria colectiva de los indígenas. Las líderes más representativas del siglo XX fueron mujeres. Ni uno solo de los actuales dirigentes va a discutir eso. Ninguno lo ve como un caso excepcional.

El liderazgo femenino es, aparentemente, un fenómeno recurrente en el mundo indígena, al contrario de lo que sucede en el mundo occidental. Evidentemente hay mucho que las sociedades regidas por lógicas blanco-mestizas pueden aprender de los indígenas.

El liderazgo femenino es, aparentemente, un fenómeno recurrente en el mundo indígena, al contrario de lo que sucede en el mundo occidental. Evidentemente hay mucho que las sociedades regidas por lógicas blanco-mestizas pueden aprender de los indígenas.

Diálogo con Nina Pacari

Para entender de mejor manera las particularidad es del liderazgo de las mujeres indígenas y lo aportes que ellas podrían ofrecer al sistema democrático, se ha buscado conversar con algunas de sus protagonistas. En primer lugar, se entabló un diálogo con Nina Pacari. Formada en la Universidad Central, Pacari entendió la importancia de penetrar los códigos de pensamiento de la cultura hegemónica para poder cuestionarlos de manera más efectiva. Fue uno de los personajes en torno a la creación de CONAIE y su asesora legal en los primeros años de la organización. Por este motivo, cuando se dio el levantamiento indígena de 1990, ¨el Intiraimi¨, Nina Pacari fue la persona escogida para debatir y negociar directamente con el gobierno. Estaban en desventaja, y la presión era enorme, pero las organizaciones indígenas lograron algunos acuerdos con el gobierno de Borja, tanto en la temática de tierras, cuanto en la entrega de beneficios para sus grupos organizados. Lo más importante de todo fue posicionar al movimiento indígena como un interlocutor poderoso.

Los grandes levantamientos de los noventas, capaces incluso de hacer temblar gobiernos, generaron una inercia particularmente grande que definió a las organizaciones indígenas como actores protagónicos que debían considerarse de manera obligada en cualquier política pública. Es en este contexto que se generó la Asamblea Nacional Constituyente en 1998 la cual tuvo que recoger varias de las demandas indígenas. Nina Pacari fue escogida asambleísta y en parte gracias a su participación se reconoció la condición del Ecuador como Estado pluricultural y multiétnico; se incluyeron derechos colectivos; y se generaron Consejos para el seguimiento de políticas públicas, entre ellos uno delineado para los intereses de los indígenas, el CODENPE; además se fortalecieron instancias prioritarias para los intereses de las organizaciones como la salud indígena, la educación bilingüe y el seguro social campesino. La situación de violencia estructural contra los indígenas, por supuesto, no desapareció, pero ahora eran vistos como un actor político poderoso al que no se podía ignorar.

En el 2002 Nina Pacari fue nombrada Canciller de la República del Ecuador, siendo la primera mujer en ocupar esa posición, y también la primera persona indígena en hacerlo.

Pacari renunció al cargo tiempo después precautelando sus principios y los de su organización frente a las políticas del gutierrismo dando testimonio de coherencia ideológica, y continuó, inmediatamente su trabajo como militante crítica. Su último cargo público fue como juez en el Tribunal Constitucional en el 2007, siendo de nuevo, mujer pionera en esta investidura y también la primera persona indígena en esa posición. Desde estos antecedentes se puede considerar que pocas personas tienen más legitimidad que Pacari para dar a conocer la manera en que es entendido el rol de las mujeres desde las cosmovisiones indígenas y las potencialidades de esta visión para transformar la sociedad en su conjunto.

La lógica de las organizaciones indígenas se basa en las relaciones al interior de las comunidades, entonces una primera pregunta para Pacari sería ¿Cuál es el rol de las mujeres a nivel comunitario?, ella plantea: ¨Bueno como en toda sociedad, serían las relacionadas con las tareas relativas a las mujeres, por ejemplo aquellas ligadas a su maternidad, a su condición de mujer. No obstante, no hay esa división tan marcada de lo que son roles estrictamente de las mujeres, en las comunidades, entonces póngase si se tiene que cultivar pues, cultiva también la mujer, desde la lógica occidental podría ser una labor de los hombres que la realizan las mujeres, cuando hay reuniones comunitarias, por ejemplo, en la cocina, no está solo la delegación de mujeres, también están compañeros en la cocina…Desde la lógica occidental siempre de entrada preguntamos, ¿cuál es el rol de la mujer? porque hay un código de por medio en la pregunta…¨

La respuesta de Pacari dice mucho sobre las ideas preconcebidas de aquellos que quieren entender la comunidad indígena desde los parámetros occidentales y al hacerlo mal interpretan las sutilezas de un sistema de relaciones esencialmente democrático. Al parecer, no existe un concepto de ¨división sexual del trabajo¨ en las comunidades a las que Nina se refiere. Por lo menos no uno de condiciones alienantes. Eso nos lleva a replantearnos una serie de ideas mal entendidas sobre el supuesto machismo en comunidades indígenas. En ese contexto se plantea otra pregunta ¿Cómo se entiende el machismo? La dirigente histórica responde: ¨ … Si bien esta es una noción de corte occidental, en efecto al no estar encerrados como en guetos puede existir el machismo, y ha sido uno de los factores que ha sido asumido por el movimiento al interior de los procesos. Ese fue un gran debate en la década de los 90, y en parte a eso se debe que ahora haya una mayor presencia de las mujeres. Pero de hecho no es solo un problema o una realidad en los pueblos indígenas. Precisamente ahora se trabaja en función de ser parte, no solo en cuanto a la presencia, sino en cuanto a la toma de decisiones, para consolidar precisamente el principio del ayllu desde la perspectiva de los pueblos indígenas, no simplemente contra del machismo, sino para recuperar los fundamentos del ayllu los cuáles al debilitarse han dado lugar a cuestiones como el machismo en las comunidades….¨ Se entiende que para Pacari, el machismo es un fenómeno que puede generarse cuando se han debilitado o perdido los principios ancestrales de solidaridad y complementariedad del ayllu.

Para Pacari, el machismo es un fenómeno que puede generarse cuando se han debilitado o perdido los principios ancestrales de solidaridad y complementariedad del ayllu.

Cuando se le preguntó si existen normas para combatir el machismo en la comunidad, Pacari responde: ¨normas de corte occidental, como las que me está preguntando, efectivamente no, porque lo que se busca es que estén a la par que haya debates, y justamente ese debate se da desde la expresión de normas, de tareas legislativas al interior de la comunidad. La pregunta está pensándose desde una lógica occidental, y no desde la decisión, o la discusión que se hace en la asamblea comunitaria. Ahí se prioriza la disposición, esta no es escrita, la disposición sale desde las relaciones y las decisiones en las comunidades, y, por lo tanto las normas, comunitarias, ayudan a que haya respeto, y participación de las mujeres….¨

Al priorizarse la voz y desempeño de las mujeres, se potencia de manera natural su liderazgo. Para Pacari, esta es la consecuencia de reestablecer los principios filosóficos del ayllu. En sus propias palabras: ¨En los últimos años ha habido una mayor presencia de las mujeres en el liderazgo, de hecho hay una visibilidad mayor de la participación de mujeres. No por el principio de la paridad del mundo occidental, sino porque por el ejercicio de nuestros principios filosóficos. Entonces por ejemplo para la designación de la autoridad, en estricto sentido de los pueblos kichwa, tiene que estar vigente el principio familiar del ayllu: hombre mujer, niño, adolescente, joven, adulto, mayor, esos principios generacionales y de género. La comunidad y sus decisiones deben estar integradas por mayores, por jóvenes, por mujeres y porque además, las decisiones no las toma el directorio, para decir que necesitamos que expresamente esté mitad mitad como mujeres, porque quien decide es la asamblea, y cuando se decide en la asamblea, no es solo el empoderamiento de la mujer en la conducción de la comunidad la que determina todo, por eso viene de por medio otro principio que es del ayllu, más allá de la paridad, este tiene que estar constituido considerando las perspectivas de género y generacionales. Siempre con la participación de la mujer, porque a más de eso, por historia por memoria, es la transmisora fundamental de las costumbres, del idioma, de espiritualidad. Entonces de igual manera, el rol de las mujeres se podría decir es de carácter espiritual. Sin embargo, a nivel de organizaciones en términos generales, todavía falta mucho…¨

Pacari tiene mucho cuidado en no definir las realidades de las comunidades indígenas desde categorías occidentales, por eso cuando se le pregunta sobre el rol político de las mujeres en el movimiento indígena, ella hace notar que esa cuestión sigue siendo planteada fuera de la perspectiva y estructuras de pensamiento de los indígenas, y cuestiona a su vez : ¨ desde las sociedades indígenas hay otra dinámica porque hay una visión integral, ¿usted pregunta por la participación política, se refiere a la electoral, se refiere a las perspectiva de las organizaciones como parte de su proyecto político, a que se me está refiriendo con eso de la participación? Por ejemplo, para la parte electoral son decisiones que se adopta a nivel de candidaturas y creo que ahí no habría de preguntar porque se puede distorsionar, el movimiento indígena, en sí, no es un partido político, no es la organización, entonces se están mezclando dos estructuras como una cuestión electoral son dinámicas distintas la de los partidos políticos. Entonces ahí decir como participa la comuna electoralmente es incompleto, es que no hay candidaturas por comunidad, haber dígame usted en qué provincia, donde está la participación electoral como comunidad para preguntar como participa electoralmente la mujer de la comunidad, porque es otra estructura dígase por partidos, por movimientos, como que ahí la pregunta no tiene sentido….¨ Para aproximarse a esta temática Pacari prefiere remitirse a las figuras históricas del movimiento indígena, precisamente Dolores Cacuango y Tránsito Amaguaña que para ella ¨Son pioneras en la lucha, no solo por la tierra, la educación si no por su profundidad filosófica…¨

Pacari no es la única dirigente que plantea que las comunidades indígenas tienen un enorme potencial para influenciar positivamente en la participación y liderazgo de las mujeres en la sociedad política blanco-mestiza del país.

En un conversatorio con varias líderes e intelectuales indígenas de Otavalo, al respecto del mismo tema, (en el que participaron entre otras Lola Maiwa -Cabildo Kichwa Otavalo-; Koya Valencia -Centro de pensamiento Tinkunakuy-; Sisa Andrango -Centro de pensamiento Tinkunakuy-; Manai Kowii -Colectivo Wambrakunapak- , Frida Muenala -Kamana Sapi; Soledad Males -kamana Sapi-; Miguel Marmol -Kamana Sapi-; Michael Delgado -Kamana Sapi- (Achik Kuyllur -Rikcharishun Runakuna-; Lucy Velasquez: -Colectivo Kaipimikanchik-) se llegaron a conclusiones parecidas.

De este modo, una de ellas, Frida Muenala, consideró que indígenas en lugares tan lejanos como México, manejan ideas de plena tolerancia en temas de género, y añade: ¨Justo mi mama es descendiente zapoteca, indígena mexicana, ella viene de una comunidad donde la mujer está super empoderada, o sea ellas son las que llevan, realmente las riendas de los hogares, son el sostén económico, y tu realmente vez el orgullo de esas mujeres son super fuertes, no se concebía el machismo de la manera que la entienden los occidentales. Cuando un hombre tenía la sensibilidad que ahora llaman homosexual o gay, tenía la sensibilidad de hombre y mujer a la vez, realmente eran considerados seres especiales. En Juchitan de donde es mi mamá, los gais son queridos, y de hecho tienen este nombre de mushek, es algo querido allá…¨

Otra participante, Lola Maiwa, afirma que procesos conflictivos como la migración, han ayudado, de manera paradójica, al fortalecimiento del liderazgo femenino porque las mujeres han debido tomar las riendas de comunidades enteras cuando los hombres han tenido que moverse hacia otros lugares en fenómenos migratorios: “en estos tiempos la mujer en la comunidad, ya viene desempeñando una función como el de encabezar las organizaciones de organizarse entre sí, por el mismo hecho de que sus compañeros de vida tienen que salir fuera de sus comunidades, de sus tierras, las mujeres han empezado a organizarse, a crear microempresas, a tener sus trabajos en las comunidades. Entonces me parece que actualmente la mujer indígena, la mujer de la comunidad, desempeña un papel importantísimo, está liderando dentro de sus comunidades …¨

Sisa Contento, por su parte plantea que las diferencias en cuanto a las concepciones de la noción de género entre indígenas y occidentales cruza desde lo lingüístico, y propone : ¨igual, pienso que algunas compañeras feministas, creo que tuvieron experiencias fuertes y llegamos hasta cierto punto al odio hacia el hombre, pienso que nosotras podríamos aportar calmando ese odio mediante el idioma… si pudiéramos hacer que aprendieran kichwa y entender que somos especiales, sagrados. Por ejemplo he leído que en algunos pueblos como el pueblo Mapuche los homosexuales son sagrados, acá podrían llamarse kari-warmi (hombre-mujer), decir que son hombre y mujer a la vez…”

En este punto es inevitable regresar a la conversación con Nina Pacari y preguntarle si ella se considera feminista. Su respuesta es distinta a la que los círculos intelectuales tradicionales suelen esperar de una mujer empoderada, una líder histórica y una pionera en cargos públicos que nunca antes habían sido ocupados por mujeres: ¨A veces repetimos sin pensar mayormente temas sobre el empoderamiento de la mujer, pero en la comunidad indígena se usan otros códigos y por lo mismo, la idea del feminismo no es la más apropiada. En eso yo difiero. Incluso difiero de algunas compañeras que de hecho se mueven desde esa arista. Pero me parece que lo valioso de recuperar toda la visibilidad de la mujer, toda la presencia de la mujer, toda la participación de la mujer tiene que darse, pero desde los códigos comunitarios, desde los códigos del ayllu, no desde otros parámetros occidentales, sino desde los parámetros propios que los pueblos tenemos. Entonces visto así, desde la visión de lo comunitario y desde la visión del ayllu, debemos crear un sentido mucho más horizontal, de lo que es el ejercicio de poder…¨

De todas maneras Pacari defiende varios elementos relacionados con las reivindicaciones de género y afirma que las comunidades indígenas siempre han mantenido una mente abierta y tolerante a esas dimensiones: ¨… aquí mismo en Cotacachi hemos tenido experiencias en décadas pasadas, que algún compañero que ahora dirían es GLBTI, que es gay por decirlo, fue presidente de lo que hoy es la UNORCAC, reconocido como tal respetado como tal, pero fue presidente entonces somos sociedades más permisivas, o más tolerantes de acuerdo al lenguaje no indígena. Recuerdo que en mi época, había un jovencito no diré de que comunidad, pero que era gay, además a él, le gustaba que le digan la señorita, entonces ha habido casos, pero no es como la sociedad occidental que ha excluido y eso ha provocado que reclamen sus derechos, y me parece bien que hay que apoyar, que hay que ser solidarios, pero en el caso de nuestras comunidades han sido más permisivas. Hace poco, será hace dos años, tuvimos un caso de lesbianas, en uno de los pueblos, y hubo incluso un conflicto de separación, en kichwa decimos hichurishka pero era un caso de lesbianas kichwa, y que fue tratado el tema en la comunidad, entonces no es ni mal visto, es decir son sociedades que permiten.

Pacari continúa: ¨…La mujer no es ciento por ciento solo mujer, sino que tiene con una espiritualidad para nosotros de equilibrio hombre-mujer, y por eso están los sentimientos, hay otros códigos que se trabajan alrededor de la personalidad y la espiritualidad, tanto de hombres como de mujeres, por lo tanto eso repercute en como concebimos por ejemplo: respecto del sexo, respecto de las situaciones relativas con la sexualidad, y en términos generales, yo creo que somos sociedades más abiertas…Por eso sería importante que el movimiento feminista incluya la perspectiva o la dimensión de la diversidad cultural, porque no puede ser abordada de la misma manera la mujer indígena que la mujer no indígena, porque los códigos son otros …¨

La idea de machismo no es afín a las comunidades nativas, y se trataría de un concepto impuesto por occidente y basado en gran medida en la división sexual del trabajo.

Tanto desde el diálogo con Nina Pacari, como desde la conversación con otras líderes e intelectuales indígenas, se ha podido identificar algunos elementos que la sociedad blanco mestiza haría bien en tomar en cuenta, por ejemplo que la idea de machismo no es afín a las comunidades nativas, y se trataría de un concepto impuesto por occidente y basado en gran medida en la división sexual del trabajo. Adicionalmente está la noción de complementariedad, la cual es un concepto indispensable para entender las relaciones intersubjetivas del ayllu y de relacionamiento entre los géneros. Para aquellos que no hemos vivido dentro de los códigos de las comunidades indígenas, la comprensión de algunas de las ideas planteadas en este diálogo podrían ser explicadas con la ayuda de algunos conceptos de autores que han abordado temas parecidos. Por ejemplo, el psicólogo suizo Carl Gustav Jung planteó la noción de anima y animus como categorías de lo masculino y femenino cuyo balance determina la psiquis humana. Esta idea es afín a la forma en que las comunidades indígenas entienden la complementariedad de los géneros para fundar las bases de el sistema de administración que ellos denominan ayllu.

Expertas en teoría de género, como Bell Hooks proponen una fuerte crítica al feminismo blanco de clase alta, y demandan un feminismo desde la subalternidad donde mujeres de piel oscura sean representadas fuera de los privilegios, y los discursos intolerantes de las clases dominantes. Sus ideas tienen elementos que sería indispensable tomar en cuenta si se busca generar debates complejos de género que involucren a las mujeres indígenas. Principalmente por la necesidad de que los círculos blanco mestizos tienen, de aprender sobre la contundente tradición del liderazgo de las mujeres indígenas. En efecto, cuando se le preguntó a Nina ¿Que pueden aprender los colectivos feministas de ustedes?, su respuesta fue puntual: ¨Habría que preguntarles a ellas.