El autoritarismo consensuado de la revolución ciudadana ha sido, muy probablemente, el proyecto político que más se ha beneficiado de ciertos discursos indígenas, mientras, paradójicamente, ha buscado lesionar su dirigencia, confundir a sus bases, y distorsionar varias promesas originales realizadas a sus organizaciones. Un diálogo a fondo con el presidente de la Conaie, Jorge Herrera.
22 de agosto del 2016
ANDRÉS ORTIZ LEMOS Y KOWII INKARRI
Las organizaciones indígenas son, muy probablemente, los actores con mayor potencial de influenciar y democratizar las esferas sociales y políticas del país. El sistema de político elitista ha sufrido un innegable deterioro en las últimas décadas, y el movimiento indígena ha estado ahí, recordándonoslo constantemente.

Políticas, normativas, leyes, e incluso Constituciones han sido redactadas desde la influencia de las demandas indígenas, con resultados diversos. Las organizaciones llegaron a alcanzar tal grado de legitimidad ante la sociedad ecuatoriana que pronto fueron consideradas parte del capital político. Un capital que algunas veces ha sido tomado, de sorpresa, por políticos tradicionales más interesados en sus propios éxitos que en las verdaderas necesidades de los grupos indígenas o no indígenas que tuvieron la mala experiencia de confiar en ellos.

Ser un líder en el contexto urbano y bajo los cánones de éxito occidentales es una cuestión de ego. Ser un líder en los páramos andinos, donde el racismo, y el abandono se han empeñado durante siglos en erosionar las libertades de los indígenas es una cuestión de supervivencia.
El autoritarismo consensuado de la revolución ciudadana ha sido, muy probablemente, el proyecto político que más se ha beneficiado de ciertos discursos indígenas, mientras, paradójicamente, ha buscado lesionar su dirigencia, confundir a sus bases, y distorsionar varias promesas originales realizadas a sus organizaciones. En este sentido sería importante conocer como el actual presidente, Rafael Correa, logró beneficiarse de varios conceptos y elementos conceptuales de los indígenas, hacerse del poder político, y después contrarrestar de manera más o menos exitosa el poder movilizador de esas organizaciones, convirtiéndose, en poco tiempo, en un feroz inquisidor de las mismas.

En ese contexto es indispensable saber: ¿Qué pasó? ¿Cómo un proyecto social reivindicativo y anti hegemónico pudo ser utilizado para legitimar un proyecto autoritario como el correismo? ¿Cómo se consiguió contrarrestar su poder movilizador una vez que este se constituyó en un agente crítico y antagónico del régimen? Para responder esos interrogantes dialogamos con alguien que conoce el tema de primera mano.

Jorge Herrera, el actual presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, ha sido dirigente comunitario desde los once años. A una edad en la que la mayoría de nosotros aún estaba perfeccionándose en el complejo arte de usar el control remoto de la televisión, Herrera ya era reconocido por sus cualidades directivas en las comunidades de Cotopaxi.

Ser un líder en el contexto urbano y bajo los cánones de éxito occidentales es una cuestión de ego. Ser un líder en los páramos andinos, donde el racismo, y el abandono se han empeñado durante siglos en erosionar las libertades de los indígenas es una cuestión de supervivencia. Un dirigente indígena es alguien que se ha formado desde el inicio bajo los principios de la solidaridad, el respeto a la palabra de los vecinos y el espíritu comunitario. Elementos notablemente escasos en las tradiciones políticas modernas, y aparentemente inexistentes en el aparato burocrático de la revolución ciudadana.

Entrevistado en el contexto del presente artículo, Herrera plantea que la adhesión del movimiento indígena durante el periodo inicial del correismo (2007-2008) no se debió al respaldo a la figura política del actual presidente, sino a las promesas esbozadas por su movimiento en ese entonces, así, en palabras de Herrera, “el movimiento indígena apoyó una propuesta, un proyecto político de transformación, un proyecto político que apuntaba hacia el sumak kawsay, respetando derechos, respetando a la naturaleza, y sobre todo con garantías de participación de la ciudadanía, de los actores importantes en el país, y la búsqueda de transformación”.

Como a muchos ecuatorianos, los discursos gubernamentales y las propuestas oficiales durante el debate constitucional en 2008, atrajeron el interés de los indígenas. “En términos jurídicos en esta nueva constitución del año 2008 ha sido, digamos, un paso importante, por ejemplo al lograr ser reconocidos el marco de la pluriculturalidad y el marco de la diversidad en el Ecuador…y en el marco de la plurinacionalidad “, dice Herrera; sin embargo todas esas promesas fueron rápidamente cuestionadas por las dirigencias indígenas al notar que se distorsionaba su enfoque original “lo triste, es que el actual régimen no ha cumplido, no ha habido un voluntad política para tratar estos temas de carácter político, económico, social, y cultural en el Ecuador… porque ha habido otros fines que el gobierno ha buscado”.

Jorge Herrera plantea: lo que sucede detrás de todo eso, es que el gobierno hizo trampa, dividió al movimiento indígena, captó dirigentes, ofreció un sin número de proyectos que obviamente debilitó a las organizaciones…
La posición crítica de los indígenas pronto fue más evidente, especialmente desde la discusión de normativas beneficiosas a las compañías mineras en el 2009. Esto sirvió de señal a las organizaciones tradicionales de que al gobierno no le interesaba cumplir con sus promesas. Herrera plantea “lo que sucede detrás de todo eso, es que el gobierno hizo trampa, dividió al movimiento indígena, captó dirigentes, ofreció un sin número de proyectos que obviamente debilitó a las organizaciones y de cierta manera la gente aún no reaccionaba frente a eso. A nosotros como dirigentes nos costó un gran proceso levantar ese debate. En otras palabras, para hacer que la ciudadanía abra los ojos, que vea que el gobierno estaba yéndose a otro horizonte y no de acuerdo a su discurso original”.

En efecto, según Herrera el gobierno ha implementado una serie de estrategias para desmovilizar a las organizaciones indígenas. Entre ellas se puede mencionar: la captación de ciertos dirigentes. Un tema especialmente delicado dentro de las organizaciones, sobre el cual Herrera plantea “como en toda sociedad, ha habido dirigentes que han buscado mejorar sus condiciones de vida personal o de cierto grupo. Ellos han sido fáciles de coptar (sic), han renunciado fácil a sus posiciones ideológicas y de lucha, y se han vuelto serviles a un modelo económico estractivista”.

Otra estrategia mencionada por el dirigente ha sido la contundente dispersión de temas tratados por el gobierno, en períodos específicos, haciendo imposible a los cuerpos críticos de las organizaciones indígenas procesarlos al mismo tiempo: “el gobierno ha tratado de parcelar todo, la estructura organizativa, política del Ecuador, tratando los temas de manera separada. Pero la ley de Aguas (por ejemplo) no está separada de la ley de Tierras. La ley de Comunas no está separada de la ley de Territorio, entre otras leyes que han sido tratadas. La ley de Comunas, por ejemplo, ha sido tratada fuera de un contexto territorial, fuera de un contexto de una sociedad milenaria. Otros ejemplos son las leyes relacionadas a los sindicatos, los comités, o las organizaciones juveniles en las universidades”.

El menoscabo de los derechos

Para Herrera, la erosión de los derechos indígenas ha sido otro punto central por contrarrestar sus organizaciones. En sus propias palabras: “la mayoría de las decisiones (contra el movimiento indígena) son inconstitucionales, porque en la constitución del año 2008, en el artículo 98 se habla del derecho a la resistencia, pero en el COIP, están sancionando, están encarcelando a las personas que han hecho resistencia. Entonces todos estos últimos hechos, después del levantamiento de agosto del 2’015, vienen siendo hechos ilegítimos, inconstitucionales, y por eso decimos que son hechos de persecución política, a quienes hacen frente al autoritarismo, frente a una política de sumisión. Y ante eso el pueblo prácticamente tomó la decisión de desobediencia civil”.

Herrera menciona uno de los elementos, que aparentemente, es el más conflictivo del correismo para con el movimiento indígena. Desde la perspectiva del presidente de la CONAIE la revolución ciudadana “es un gobierno racista. Es un gobierno colonialista. Un gobierno que definitivamente ha coartado procesos de derechos, ha coartado los niveles de organización colectiva, donde se ha buscado una sociedad mendiga, una política de paternalismo”.

Desde luego existen varios ámbitos donde actúa el racismo, y uno de los más serios, y donde se puede afectar con más eficiencia al futuro de la organización es la educación.
Desde luego existen varios ámbitos donde actúa el racismo, y uno de los más serios, y donde se puede afectar con más eficiencia al futuro de la organización es la educación. En palabras de Herrera “se ha planteado un esquema político, digamos, fascista, un esquema político racista. Por ejemplo, con la perdida de la educación intercultural bilingüe se quiere desaparecer a las culturas milenarias, se quiere meter a todos en un solo saco, se quiere meter en el cerebro que no hay diferencia de pensamiento, diferencia de culturas, diferencia de posiciones ideológicas, ente el sector mestizo y el sector indígena. La educación intercultural bilingüe es la esencia de la existencia de los pueblos milenarios, de los pueblos y nacionalidades con lenguas propias, con culturas distintas. Por ejemplo ¿dónde estaban las escuelas comunitarias? Estaban en el sector rural, están en los pueblos indígenas, en los territorios ancestrales. Pero con este cierre lo que quiso fue, prácticamente, desarmar toda esa estructura de lucha histórica, simplemente para buscar una sociedad individualista, racista, y conseguir un apoyo individual y seguir manteniendo el poder y la hegemonía”.

Todas las estrategias mencionadas y sus efectos sobre el movimiento indígena tienen, para Herrera, una razón central: el afán del gobierno por fortalecer un modelo económico basado en la minería, la extracción de bienes primarios, y la propuesta de un modelo económico rentista que solamente puede sostenerse desde el autoritarismo. Por supuesto, dado que los actores más afectados por este proceso serían los indígenas, que tradicionalmente habitan tierras apetecidas por corporaciones mineras y dado su natural vulnerabilidad a los sistemas ecológicos e hídricos comprometidos por este tipo de actividad, era lógico que estas organizaciones debían ser el blanco principal a la hora de disminuir el poder crítico de la sociedad.

En palabras de Herrera “detrás de todo esto hay una marcada intención de las empresas trasnacionales mineras y petroleras. Entonces las políticas fueron encaminandas en esta base y prácticamente se olvidó el compromiso con los indígenas. Hoy ha sido visible que en el país, ya no solamente el sector campesino e indígena, ha sido golpeado, sino también el mundo mestizo, los estudiantes, a las mujeres, y los afrodescendientes. El modelo económico impuesto no ha garantizado la pluriculturalidad, o hacer efectivo el Estado plurinacional”.

Pero el correismo no es el único objeto de crítica de Herrera, sino también la propuesta del llamado socialismo del siglo XXI, en otros países. Así plantea: “en Venezuela, por ejemplo, no ha habido inversiones para mejorar el aparato productivo ¿no cierto? No ha habido una política de creación y estabilización de fuentes de trabajo. No ha habido una política de impulso al agro. No ha habido una política para que la banca baje los niveles de intereses para garantizar una estabilidad económica. No ha habido una responsabilidad de este gobierno por lo menos para tener una reserva para enfrentar desastres naturales como sucedió en la costa ecuatoriana. Entonces ha sido un gobierno a más de racista, irresponsable. Porque no solo es Correa, sino que es un modelo económico hegemónico. Porque Correa, finalmente en el sistema macro, económico capitalista, es un títere, que simplemente cumple intereses, de cómo buscar, renovar, a los tenientes de dinero, nuevos poderes hegemónicos”.

Lejos de la retórica revolucionaria del gobierno, se han mantenido los privilegios de élites tradicionales y otras se han potenciado.
En efecto, lejos de la retórica revolucionaria del gobierno, se han mantenido los privilegios de élites tradicionales y otras se han potenciado. Según Herrera: “los empresarios nunca han perdido en este gobierno. Todo lo contrario, los empresarios, la banca, han sido lo que más se han aprovechado, los que más se han fortalecido económicamente. Por ejemplo, con todo el desastre de la costa ecuatoriana (se refiere al último terremoto), los centros comerciales quedaron vacíos. Pero en cambio los dueños de estas grandes empresas, los que producen enlatados, los que tienen alimentos de consumo humano que fueron necesarios, se beneficiaron de los dineros de los GAD cantonales, parroquiales, municipales, que fueron destinada a estas grandes empresas. Mientras los campesinos, cuando empezamos a dar ayuda al sector golpeado por este desastre natural, no teníamos morocho, no había cebada, no había granos secos que podíamos mandar, sino simplemente corríamos, corría la gente a la tienda para comprar todo para mandar a la costa. Entonces es una muestra lo que sucedió. En este modelo ha habido más encarecimiento, más pobreza, más delincuencia, más prostitución, más ejército, más policía, ¿para qué? Para simplemente con el dinero del pueblo tener una hegemonía. Entonces ha sido un gobierno a más de racista, irresponsable”.

El presidente de CONAIE considera que la revolución ciudadana traicionó a las organizaciones indígenas, utilizándolas en un primer momento y dándoles la espalda una vez conseguidos sus objetivos: “el movimiento indígena puso sus propuestas, estuvo en el debate, y participó incluso para la consulta pre legislativa”.

Frente al autoritarismo, y al desgaste de las organizaciones políticas, la resistencia civil y comunitaria se perfila como el camino más concreto para contrarrestar el régimen disciplinario de la revolución ciudadana. El movimiento indígena, es sin duda el grupo social más eficiente y con mayor legitimidad para guiar este proceso, pero este no puede lograrlo solo, por eso busca la inclusión de otros actores civiles y de todos los grupos sociales. Herrera concluye: “los niveles de organización son importantes. Llegar a consensos en los temas grandes para resolver los problemas y luchar juntos, es el paso más adecuado. La tarea de estar en las calles, no solamente es de los indígenas o campesinos”.

Artículo Publicado Originalmente en la Revista Plan V